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Balotaje en Brasil: escenarios para el mercado argentino según gane Flávio Bolsonaro o Lula da Silva

Aviso: este documento es un análisis de escenarios con fines informativos. No constituye una recomendación de inversión ni una oferta de compra o venta de activos. Los mercados son volátiles y cualquier decisión debe consultarse con un profesional matriculado. El punto de partida: una elección pareja Brasil vota este domingo 25 de octubre en un balotaje que las encuestas describen como un empate técnico. Datafolha lo mostraba 50% a 50% el jueves. Quaest daba 45% a 44% a favor de Flávio Bolsonaro sobre votos totales, y la medición de Nexus/BTG, 46,5% a 45,9%, también para el senador. Vox Brasil, en cambio, ubicaba a Lula da Silva 51% a 49% en votos válidos. La cautela es obligada: la mayoría de los sondeos no anticipó que Flávio ganaría la primera vuelta del 4 de octubre, por 47,03% contra 45,16%. Los mercados de apuestas ven la carrera menos pareja: Polymarket le asignaba cerca de 77% de probabilidades al senador el viernes por la noche. Para la Argentina, la elección importa por dos vías. La financiera es el contagio regional: en un mercado que busca historias políticas que mejoren el perfil de riesgo, Brasil funciona como termómetro. La real es la economía: según datos oficiales, Brasil absorbió el 12,6% de las exportaciones argentinas del primer semestre (US$ 6.254 millones) y concentra cerca del 16% del comercio exterior del país. La industria automotriz es el eje de esa relación. Un mercado que ya hizo su apuesta La primera vuelta dejó una lección sobre cómo se transmite el humor brasileño. El lunes 5 de octubre, el riesgo país argentino cayó 8,5% hasta 599 puntos, desde 655 el viernes previo, y llegó a ubicarse por debajo de los 580 en los días siguientes. El S&P Merval subió 3,7%, el Ibovespa llegó a trepar más de 8% y Mercado Libre avanzó 9,6%, con las acciones financieras y energéticas entre las más beneficiadas. Citi anticipó entonces un impulso para la Bolsa porteña y un peso más fuerte por el “efecto Bolsonaro”. Pero ese alivio no se sostuvo. El viernes el riesgo país cerró alrededor de los 707 a 710 puntos, su máximo en un año, con el dólar mayorista en un récord nominal de $1.528. Pesaron el deterioro de la actividad local, la suba de tasas largas en Estados Unidos, la expectativa de que la Reserva Federal suba tasas en diciembre y el petróleo en máximos de cinco meses por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Analistas consultados por Perfil relativizaron, de hecho, atribuir toda la mejora de octubre a Brasil. La rueda del viernes, con el índice MSCI Merval en alza de 4,4%, anticipó parte del resultado: el mercado ya descuenta, en buena medida, una victoria de Flávio. Según el analista Gastón Lentini, el margen de ganancia adicional ante ese desenlace es más acotado que el riesgo de pérdida si gana Lula. Esa asimetría es la clave para leer ambos escenarios. Incremento del riesgo país, desde el 16/10/26 Canales de transmisión El impacto sobre los activos argentinos puede viajar por cuatro canales: Escenario A: gana Flávio Bolsonaro El programa de Flávio propone un ajuste fiscal de entre 1,5% y 2% del PIB, un “tesouraço” de R$ 200.000 millones en el primer año, reducción de ministerios, privatizaciones y baja de impuestos. Oxford Economics anticipa una consolidación más rápida que la de Lula, centrada en recortes de gasto. Potenciales beneficiados: Límites y potenciales perjudicados: Escenario B: gana Lula da Silva Lula propone gradualidad fiscal, sostén del ingreso y la demanda interna y continuidad del marco fiscal vigente, con un Estado activo en el crecimiento. Potenciales perjudicados: La actividad económica cayó 1,7% interanual en agosto y anotó la mayor contracción en lo que va del año. Relativamente más resilientes: El frente diplomático seguiría tenso. Hay que recordar que el comercio no se frenó durante el mandato de Lula: las exportaciones argentinas a Brasil crecieron cerca de 4% en el primer semestre, impulsadas por hidrocarburos y petroquímicos. Resumen comparado Variable Gana Flávio Gana Lula Riesgo país Alivio probable, con techo por factores locales Presión alcista por reversión del posicionamiento Acciones expuestas a Brasil Favorecidas, con riesgo de toma de ganancias Presionadas por Brasil y el real Real Tendería a fortalecerse Tendería a debilitarse Comercio bilateral Mejor competitividad, demanda brasileña a prueba Demanda sostenida, competitividad más ajustada Relación política Alineamiento con Milei Fricción persistente Lo que no depende de Brasil Ningún resultado resuelve los problemas propios del mercado argentino. La actividad económica se debilita, el Gobierno reconoció una economía más floja de lo previsto, el Banco Central redujo el ritmo de compra de divisas y las tasas estadounidenses siguen altas. Brasil puede darle impulso o quitárselo al ánimo del mercado, pero la sustentabilidad del rally dependerá, en palabras de varios analistas, de que el escenario regional se combine con una baja persistente del riesgo propio. Para el lunes, tres indicadores ordenan la lectura: la apertura del Ibovespa y del real, el nivel del riesgo país respecto de los 700 puntos y el comportamiento de los ADR de empresas con exposición a Brasil. Si el resultado coincide con lo que el mercado espera, el movimiento podría ser acotado. Una sorpresa en cualquier sentido amplificaría las reacciones. Este análisis no constituye una recomendación de inversión. Fuentes consultadas: La Nación, Infobae, Bloomberg Línea, Perfil, El Cronista, iProfesional, El Economista, Ámbito, Rava Bursátil, Examedia, InfoMoney, Forbes Brasil, Rio Times, La Tercera, BioBioChile, MDZ, La Gaceta, Semana.

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YEMEN: EL AVANCE DE ANSAR ALÁ Y EL COSTO DE UNA DÉCADA DE INJERENCIA OCCIDENTAL

En apenas dos semanas, Ansar Alá completó el control del estrecho de Bab el-Mandeb, tomó la ciudad portuaria de Mokha, ocupó las islas Hanish mayor y menor en el mar Rojo, y avanzó sobre la provincia de Taiz frente a un colapso casi total de las fuerzas leales al gobierno reconocido internacionalmente. Es el movimiento territorial más significativo en cinco años de guerra civil yemenita. Para entender por qué ese avance fue tan rápido, y por qué ocurre justo ahora, hay que mirar más allá del mapa militar y revisar una década de decisiones tomadas en Washington, Londres y Riad. Un avance que no sorprende desde Saná Desde la perspectiva de Ansar Alá, lo que está ocurriendo no es una ofensiva expansionista sino la recuperación de soberanía territorial. Hezam Al Asad, miembro del buró político del movimiento, lo planteó en esos términos exactos ante los medios: la costa occidental es territorio yemenita y las fuerzas de Saná tienen derecho a recuperarla de manos de tropas respaldadas por Arabia Saudita. Es una lectura consistente con cómo Ansar Alá se presenta desde su origen como movimiento zaidí del norte de Yemen: no como una milicia proxy, sino como el heredero de una resistencia contra siglos de marginación política del Yemen septentrional y, más recientemente, contra una intervención extranjera que ellos leen como neocolonial. La velocidad del avance se explica, ante todo, por el colapso interno del bando contrario. Las fuerzas del Gobierno Internacionalmente Reconocido llevan años fracturadas entre facciones con agendas distintas —el Consejo de Transición del Sur, con proyecto secesionista propio, y las fuerzas leales al presidente Al-Alimi, entre otras—, una división que analistas de la región señalan como el principal factor que impidió cualquier resistencia organizada frente al empuje de Ansar Alá en la costa occidental. A eso se suma el desgaste de una coalición saudí que después de una década de guerra no logró ni la victoria militar ni una salida política, y que hoy enfrenta un escenario regional mucho más complejo, con el estrecho de Ormuz bajo tensión permanente y una guerra en curso entre Israel, Irán y Estados Unidos que dispersa la atención y los recursos de todos los actores externos. La injerencia que preparó el terreno Nada de esto se entiende sin repasar el rol que jugaron las potencias occidentales desde 2015. Estados Unidos y el Reino Unido sostuvieron durante años la ofensiva saudí con inteligencia, reabastecimiento en vuelo y, sobre todo, con la venta sostenida de armamento —cazas, bombas guiadas, misiles— que terminó utilizado contra población civil yemenita, de acuerdo con múltiples informes de organismos de derechos humanos. Washington y Londres no fueron espectadores de esta guerra: fueron proveedores directos de su capacidad destructiva, mientras al mismo tiempo se presentaban ante la opinión pública internacional como garantes de estabilidad regional. El resultado de esa política es hoy la crisis humanitaria más severa del planeta: millones de personas en necesidad de asistencia, un país con buena parte de su infraestructura sanitaria y educativa destruida, y una población que en los últimos años atravesó además el retiro de organismos internacionales de asistencia alimentaria en zonas bajo control de Ansar Alá, agravando aún más una situación ya límite. El bloqueo económico y comercial impuesto sobre el país —que Al Asad denunció públicamente y sobre el que advirtió con una eventual escalada si Riad no lo levanta— es otro capítulo de esa misma lógica: castigar económicamente a la población para debilitar políticamente a quien controla el territorio. Es esa acumulación de una década —bombardeos con armamento occidental, bloqueo, fragmentación deliberada o tolerada del bando rival, desatención mediática de un conflicto que Naciones Unidas calificó reiteradamente como catástrofe humanitaria— la que explica por qué Ansar Alá encuentra hoy tan poca resistencia efectiva en el terreno. No se trata solo de una correlación de fuerzas militares favorable en este momento puntual, sino del fracaso estructural de un proyecto de intervención que, durante años, apostó a sostener militarmente un bando incapaz de gobernar y de cohesionarse políticamente. Una lectura regional, no occidental Leído desde Occidente, el avance de Ansar Alá suele reducirse a la etiqueta de “milicia proxy iraní” que amenaza la navegación internacional por el mar Rojo, un encuadre que la propia dirigencia del movimiento rechaza y que además simplifica una dinámica bastante más compleja. Leído desde la región, en cambio, se trata de una fuerza local con arraigo social real —los propios funcionarios yemenitas hablan de un despliegue recibido con apoyo de la población en la costa occidental— que capitaliza el desgaste de un proyecto de intervención extranjera que nunca logró instalar una alternativa de gobierno viable ni, mucho menos, la paz que prometía. El estrecho de Bab el-Mandeb, hoy bajo control efectivo de Ansar Alá, es una de las arterias comerciales más sensibles del planeta. Lo que ocurra en las próximas semanas —una nueva escalada saudí, un intento de negociación, o la consolidación territorial del movimiento— tendrá consecuencias que exceden largamente las fronteras de Yemen. Pero para dimensionar ese escenario con precisión, hace falta partir de una premisa que rara vez aparece en la cobertura internacional: este desenlace no es un accidente reciente, sino la consecuencia directa y previsible de una década de decisiones tomadas fuera de Yemen. Yemen #AnsarAlá #GeopolíticaVALIA

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GRACIAS MENDOZA

Desde VALIA CONSULTORA queremos agradecer a los 1843 mendocionos que participaron del RELEVAMIENTO DE OPINION PÚBLICA MDZ SEP26, y Felicitar a ELIZABETH DE LOURDES RICA quien fuera la ganadora del sorteo de los $ 100.000.- Agradecemos a la ganadora por remitirnos un video para dar difusión de la entrega efectiva del premio, que podés ver en este link: https://www.facebook.com/share/v/1FHQ2bJXyq/ Paulatinamente se irán publicando los análisis del Relevamiento realizado. Muchas Gracias Cod de Certificación del sorteo: https://app-sorteos.com/w/O9KPN99 Video Captura de pantalla del sorteo realizado en la plataforma sorteos.com : https://www.facebook.com/share/v/1CULGDwgKM/

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¿Qué puede pasar con el oro argentino que está en Inglaterra en medio de la escalada por Malvinas?

El jueves 3 de septiembre, el presidente Javier Milei encabezó una cadena nacional desde el Salón Blanco de la Casa Rosada para reforzar el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas. Habló de “vientos de cambio” favorables a la posición argentina, anunció la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, nuevas sanciones a empresas extranjeras que operan de forma irregular en el archipiélago y un proyecto de ley para “asegurar la soberanía nacional”. Puso especial énfasis en la explotación de hidrocarburos en aguas próximas a las islas, y llegó a comparar el eventual traspaso de las Malvinas con la devolución de Hong Kong por parte del Reino Unido a China en 1997. La respuesta de Londres fue inmediata y sin matices. El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, sostuvo que las islas “son británicas porque los habitantes eligen ser británicos” y que el discurso de Milei “dice más sobre la política interna de Argentina que sobre las islas”. El canciller Ed Miliband habló del derecho de autodeterminación como algo “primordial” y “amparado por el derecho internacional”. Downing Street calificó su posición de “inquebrantable”. Lo que casi nadie puso sobre la mesa en esa discusión es una pregunta incómoda: ¿qué pasa con los activos argentinos que hoy están, físicamente, bajo jurisdicción británica? Porque mientras el Gobierno endurece el tono con Londres, una porción significativa de las reservas de oro del Banco Central sigue —según la evidencia disponible— dentro del Reino Unido o en tránsito por su sistema financiero. 1. Lo que se sabe del envío del oro En junio y julio de 2024, con apenas meses de gestión, el Banco Central —bajo la conducción de Santiago Bausili y con el respaldo del ministro de Economía Luis Caputo— trasladó lingotes de oro desde la bóveda de Reconquista 266 hacia el aeropuerto de Ezeiza, y de ahí, en vuelos de British Airways, hacia el Reino Unido. Hubo al menos tres envíos documentados: el 7 y el 28 de junio, y un tercero a mediados de agosto de ese año, este último por unos 250 millones de dólares en lingotes. Las estimaciones sobre el total movido varían, pero rondan entre el 60% de las reservas físicas de oro del país, unas 37 toneladas, sobre un total de reservas áureas cercano a los 4.900 millones de dólares. Caputo defendió la operación en su momento con una frase que se volvió célebre: tener el oro inmovilizado en la bóveda del Central “es como tener un inmueble adentro que no podés usar para nada”. La explicación oficial fue que el traslado permitía usar el metal como colateral para obtener financiamiento o generar algún rendimiento —del orden de apenas 0,3% a 0,4% anual, según cálculos de exfuncionarios del BCRA—, y que las operaciones de “rebalanceo” no alteraban el volumen total de reservas. Lo que nunca hubo fue transparencia sobre el destino exacto. En 2025, cuando la Auditoría General de la Nación pidió explicaciones formales, Bausili se negó a precisar el paradero del oro, amparándose en la confidencialidad habitual de la administración de reservas. Y en abril de 2026, en el marco de un litigio en tribunales británicos —vinculado al histórico reclamo por el cupón atado al PBI, no directamente a Malvinas—, los abogados que representan a la Argentina llegaron a advertirle a la Justicia inglesa que no había activos argentinos disponibles para embargar en Londres, lo que reabrió la incógnita sobre si el oro sigue ahí, fue trasladado al Banco de Pagos Internacionales en Basilea, o quedó depositado en la Reserva Federal de Nueva York. Este último destino, de hecho, se había descartado en 2024 precisamente para no exponer el metal a un eventual embargo derivado del litigio por YPF. 2. El precedente que nadie debería ignorar: Venezuela Hay un antecedente que el propio mercado del oro conoce bien. Antes de la pandemia, el Banco de Inglaterra bloqueó el acceso de Venezuela a unas 31 toneladas de oro depositadas en sus bóvedas, en el marco del conflicto de reconocimiento entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición liderada por Juan Guaidó. El oro venezolano sigue, años después, atrapado en Londres. Ese antecedente importa porque muestra que el Banco de Inglaterra —y la Justicia británica en general— tienen capacidad y disposición para congelar activos soberanos extranjeros cuando entra en juego una disputa política con el Reino Unido. No hace falta una guerra ni una ruptura de relaciones diplomáticas: alcanza con un conflicto de reconocimiento, de soberanía o de intereses que Londres considere relevante. 3. La contradicción estratégica Aquí es donde la escalada discursiva de Milei se cruza con una vulnerabilidad concreta. En el propio Ministerio de Economía, según trascendió esta semana, crece la preocupación por que una eventual represalia británica —motivada por el endurecimiento del reclamo presidencial— pueda alcanzar activos argentinos alojados en territorio del Reino Unido, entre ellos el oro que el Banco Central movió al exterior hace dos años. Es una paradoja poco común en la política exterior de cualquier país: escalar públicamente un diferendo de soberanía con una potencia, mientras una porción relevante de las reservas del banco central permanecen expuestas, física y jurídicamente, bajo el control de esa misma potencia. No es necesario que el Reino Unido llegue a un bloqueo formal como el de Venezuela para que el riesgo sea real: la sola incertidumbre sobre la disponibilidad de esos activos ya condiciona el margen de maniobra financiero del país en un momento de fragilidad cambiaria. El instrumento que debería ser garantía de última instancia frente a una crisis —el oro de las reservas— quedó, por decisión propia, bajo la jurisdicción del país con el que hoy se libra la disputa diplomática más dura de la gestión. 4. Una historia que se repite La relación financiera de Argentina con Londres no nació en 2024. El primer empréstito de la historia argentina —tomado por Bernardino Rivadavia en 1824 con la banca británica Baring Brothers, por un millón de libras esterlinas de los cuales casi nada llegó a destino— es apenas el

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ORMUZ, ARGENTINA. 2026

Lo que el precio del barril le está haciendo al mundo, y por qué a nosotros nos importa más de lo que parece Análisis de coyuntura energética — Junio de 2026 Arranquemos con contexto e información por (casi) todos conocida. El 28 de febrero de 2026, EE.UU. e Israel atacan Irán. Tres días después, la Guardia Revolucionaria iraní cerró el Estrecho de Ormuz, ese bendito pasaje de apenas 54 kilómetros de ancho, entre Irán y Omán. Todos hemos leído que por ahí circulaba el 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. 20 millones de barriles diarios que dejaron de fluir. Si, está prácticamente CERRADO; ¿Pero qué significa esto? Imaginen que su contador, persona horrible y eterno portador de malas noticias, llega a la oficina y les dice: ‘Mustafá S.A., nuestro proveedor principal, el que nos abastece el 20% de todo lo que usamos para producir, no nos podrá entregar más mercadería por tiempo indefinido’. Y lo peor, no hay otros proveedores para reemplazarlo actualmente. Esa es la dimensión del problema que se está viviendo en el mercado energético global. La Agencia Internacional de Energía (EEUU) lo llamó, sin eufemismos, la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado petrolero. Las subas, no reflejan todavía, la magnitud del problema, entonces, ¿qué está pasando realmente? Son muchos los interrogantes: cuándo se espera el quiebre del mercado, cómo están reaccionando los grandes compradores de Asia y qué pasa con el gas.Y, siempre, qué implica todo esto mirándolo desde nuestro país. 1. ¿Cuándo se rompe el mercado? El ‘crack’ que todos esperan Primero: ¿cuánto subió el petróleo? En enero de 2026 el barril de Brent cotizaba a US$ 61. A fin del primer trimestre ya estaba en US$ 118. El 2 de abril tocó casi US$ 128. El mayor salto mensual ajustado por inflación desde que hay registros, es decir, desde 1988. Para ponerlo en plata argentina: el precio se duplicó en menos de 60 días. [1][2] La pregunta que se hacen todos los analistas es: ¿cuándo se viene abajo? ¿o se sigue para arriba indefinidamente? Ninguno de los dos extremos es evidente. Lo que hay es un mercado que aguanta gracias a factores que tienen fecha de vencimiento. ¿Por qué no colapsó todo de golpe? Tres razones concretas explican por qué el sistema aguantó más de lo que muchos esperaban: El problema es que esos amortiguadores tienen límite. Los inventarios se van consumiendo. Y si el estrecho sigue cerrado en el segundo semestre de 2026, los modelos dicen que el sistema llega a un punto de no retorno. Los números crudos: qué proyectan los organismos Organismo Brent prom. 2026 Cuándo se espera el quiebre Supuesto clave EIA (mayo 2026) US$ 96/b Q3 2026 si hay reapertura Cierre efectivo hasta fin de Q2 AIE (mayo 2026) US$ 88/b en Q4 2026 Inventarios caen 3,9 mb/d en 2026 Recuperación parcial desde junio Banco Mundial (mayo 2026) US$ 86/b anual Q4 2026 / inicio 2027 Fase aguda termina en mayo Dallas Fed (WP 2609) WTI pico US$ 132/b Q3 2026 si cierre dura 2 trim. WTI podría llegar a US$ 167/b [1][2][4][5] Fuentes: EIA STEO abril-mayo 2026; Dallas Fed Working Paper 2609, abril 2026; Banco Mundial, Commodity Markets Outlook, mayo 2026. Lo que los modelos no dicen en voz alta pero implican con claridad: si el estrecho permanece cerrado durante todo el segundo semestre, los precios sostenidos por encima de US$ 130-150 por barril no son un escenario catastrófico improbable. Son el escenario base. Desde Argentina, esto se siente de dos maneras. Primero, en el precio de los combustibles: cualquier suba del crudo impacta en el valor de los derivados que importamos o en el costo de abastecer el mercado interno, por más que el gobierno haya amortiguado un impacto mayor en las naftas. Segundo, en el precio de las exportaciones Argentinas y de los proyectos de Vaca Muerta, que se revalorizan notablemente en este contexto. 2. Los grandes compradores asiáticos: quién la aguantó y quién no Asia es la región que más depende de Ormuz: el 80-84% del petróleo que cruzaba el estrecho iba para allá. China, India, Japón y Corea del Sur concentran el 69% de todos esos flujos. [6] Veamos cómo le fue a cada uno. China: el que mejor se armó de antemano China es el caso más interesante. Recibía el 37,7% de todo el petróleo que cruzaba Ormuz, unos 5,35 mb/d. Mucho. Pero vino haciendo los deberes desde hace años: Resultado: la bolsa de Shanghai cayó apenas 0,49% y el yuan se mantuvo estable. Para este humilde contador, eso es un balance energético que aguanta el estrés. China, además, ordenó a sus principales refinerías el 5 de marzo detener exportaciones de diésel y nafta para priorizar el consumo interno. Pragmatismo puro. [6] Dato saliente, hizo lo mismo con los fertilizantes, y recientemente ya ha flexibilizado las restricciones al tener asegurado el abastecimiento del mercado interno. India: la que más sufre y más tiene y tendrá que improvisar India importa el 88% de su petróleo y la mitad cruzaba Ormuz. En el GNL, el 53% de sus importaciones vienen de Qatar y los EAU. Es, de todos los grandes, el caso más complicado. [7] La crisis aceleró algo positivo de largo plazo: India está financiando activamente nuevos proyectos de GNL en África y América del Norte para no volver a depender tanto del Golfo. Desde Argentina, esta es una oportunidad concreta: somos un país con reservas de gas en Vaca Muerta y con un proyecto de GNL en construcción. India necesita lo que nosotros tenemos. Japón: el más vulnerable de todos Si tuviese que ponerle una calificación de riesgo crediticio a la situación energética de Japón, sería CCC. El país depende de los combustibles importados para el 87% de su consumo energético total, y el 73% de su crudo viene del Golfo. Importa 1,6 mb/d por Ormuz. [6][7] Japón activó planes de contingencia y salió a comprar en el mercado spot a cualquier precio. Lo que ilustra

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Un gobierno golpeado, una oposición sin timón y una economía que no despega

VALIA Consultora / mayo , 2026 Resumen Ejecutivo A mediados de mayo de 2026, la política argentina atraviesa un momento de acumulación de tensiones que todavía no se traduce en un movimiento claro del tablero. Este artículo analiza tres frentes que se retroalimentan: 1) el desgaste de la imagen presidencial a partir del caso Adorni, con datos propios de nuestra última medición en CABA; 2) la incapacidad de la oposición —centralmente el peronismo— de capitalizar ese desgaste por su propia fragmentación interna; y 3) una economía que logró estabilidad cambiaria y desinflación gradual, pero que no consigue traducir esos logros en una recuperación del consumo y la actividad que el electorado pueda sentir en el bolsillo. 1. El humor social en cifras: lo que dice nuestra encuesta de abril Nuestro último relevamiento en la Ciudad de Buenos Aires (800 casos, campo del 1 al 15 de abril, margen de error ±3,5%) ya anticipaba el clima que hoy se profundiza. Un 49.5% de los consultados porteños desaprueba la gestión del presidente Javier Milei, contra un 39.5% que la aprueba. Cuando se pregunta directamente por la evaluación de la gestión, la fotografía es todavía más adversa: 55% la califica de “mala” o “muy mala”, frente a un 35% que la considera “buena” o “excelente”. Indicador Resultado Desaprobación presidencial 49.5% Aprobación presidencial 39.5% Evaluación de gestión “Mala/Muy mala” 55% Evaluación de gestión “Buena/Excelente” 35% Problema principal: Inflación 42% Problema principal: Desempleo 38% Problema principal: Corrupción 34% Fuente: Encuesta VALIA Consultora, CABA, abril 2026. Lo que más nos interesa remarcar es el podio de preocupaciones: inflación (42%), desempleo (38%) y corrupción (34%) concentran la agenda de los porteños, muy por encima de la inseguridad (29%) o los bajos salarios (27%). Es decir, el propio electorado porteño —tradicionalmente más favorable al oficialismo que el promedio nacional— empezó a combinar el reclamo económico clásico con un reclamo de transparencia institucional. Esa combinación no es casual: se produce en simultáneo con la explosión del caso Adorni, que analizamos a continuación. En lo personal, creemos que este cruce entre el reclamo económico y el reclamo por corrupción es el dato más relevante de la medición. Un gobierno que basó buena parte de su legitimidad en la idea de “casta versus gente” enfrenta ahora una acusación que ataca exactamente ese activo simbólico. No es lo mismo perder aprobación por inflación que perder aprobación por sospecha de enriquecimiento ilícito en un funcionario de máxima confianza. 2. El caso Adorni: la crisis que no para de crecer El escándalo que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, mutó en las últimas semanas de una controversia por el uso de bienes públicos a una causa judicial con ramificaciones patrimoniales cada vez más concretas. El origen del expediente se remonta al 8 de marzo, cuando trascendió que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, había viajado en el avión presidencial junto a la comitiva de Milei a Nueva York para participar de la “Argentina Week 2026”, pese a no ocupar cargo público alguno. Casi en simultáneo se conoció un viaje privado del funcionario y su familia a Punta del Este, cuya factura de regreso fue emitida el mismo 9 de marzo. La diputada Marcela Pagano —hoy distanciada del oficialismo— presentó una denuncia por enriquecimiento ilícito que quedó radicada en el juzgado de Ariel Lijo, con la fiscalía a cargo de Gerardo Pollicita. A partir de ahí, la causa fue exhibiendo un patrimonio que no guarda relación con el sueldo de Adorni como vocero y luego jefe de Gabinete. Se supo que su esposa había registrado a su nombre una casa en el country Indio Cuá Golf Club (Exaltación de la Cruz) en noviembre de 2024, no declarada en su momento, además de la compra y refacción de un departamento en Caballito. El punto de mayor impacto público llegó el 4 de mayo, cuando el contratista Matías Tabar declaró ante la fiscalía que Adorni le había pagado 245.000 dólares en efectivo, sin factura ni recibos, por la remodelación integral de la casa del country: pisos, pileta, cascada, parrilla y mobiliario, en obras que se extendieron entre octubre de 2024 y julio de 2025, cuando el funcionario era apenas vocero presidencial. Según su testimonio, los pagos se hicieron en cuotas —30.000 dólares en abril de 2025, 100.000 en mayo, 30.000 en junio, 50.000 en julio— siempre en la misma modalidad de entrega en mano. Dos días más tarde, el juez Lijo ordenó levantar el secreto fiscal de Adorni y su esposa, y extendió la pesquisa a las comunicaciones de su entorno cercano, incluido el periodista y productor Marcelo Grandio, quien lo había acompañado en el vuelo privado a Punta del Este. El resultado político de esta secuencia ya es mensurable. Encuestas propias y de otros centros —como el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, con relevamiento en el AMBA— coinciden en que el caso está horadando la base electoral libertaria: una porción significativa de quienes votaron a La Libertad Avanza en el balotaje de 2023 reconoce que el escándalo empeoró su imagen del Gobierno, y el propio electorado libertario está dividido entre quienes piden que Adorni resista en el cargo y quienes reclaman su salida. Para VALIA, el dato clave no es tanto la denuncia en sí —la Justicia argentina acumula denuncias contra funcionarios de todos los colores sin que necesariamente impacten en la imagen presidencial— sino la combinación de tres elementos: la cercanía personal de Adorni con Milei, la modalidad de pago en efectivo y sin documentación (que choca de lleno con el relato libertario de transparencia y batalla cultural contra “la casta”), y el hecho de que la causa avanza con pruebas documentales concretas, no solo con relatos periodísticos. Eso la vuelve mucho más difícil de desactivar comunicacionalmente que otros escándalos previos del oficialismo. 3. Una oposición sin timón: el peronismo atrapado en su propia interna Frente a este escenario, cualquier manual de oposición indicaría que el peronismo debería estar capitalizando el desgaste oficialista. Sin embargo, la dinámica interna del espacio sigue

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