DESTACADAS
La doctrina Donroe: Qué dice el nuevo manual de Washington y lo que significa para Argentina
A fin de 2025, la administración Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS por sus siglas en inglés). No es un documento que suela aparecer en los titulares de los medios de comunicación de nuestro país, pero debería. Porque lo que dice ese texto — y lo que omite — impacta directamente sobre Argentina, sobre la región y el mundo. y sobre las decisiones que tendremos que tomar en los próximos años. La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) es el documento oficial donde el gobierno de Estados Unidos explica, en blanco y negro, cuáles son sus prioridades respecto del resto del mundo, qué amenazas considera reales y cómo piensa actuar frente a ellas. Normalmente lo publica cada administración y funciona como una hoja de ruta de su política exterior: define qué países son aliados, cuáles son rivales, dónde va a poner recursos y dónde no. No es un documento secreto — se publica cada nueva versión— y por su contenido, es que se vuelve tan relevante. Cuando la administración Trump pone en la NSS 2025 que el Hemisferio Occidental es la prioridad absoluta y que China y Rusia no tienen lugar en él, no está improvisando en Twitter sino firmando una doctrina que va a guiar decisiones concretas de diplomacia, defensa y economía durante todo su mandato. El presente análisis intenta entender y compartir una mirada, sin rodeos, sobre esta doctrina, en qué se diferencia de la de Biden y qué implica todo esto, mirándolo desde el Sur de nuestro Continente. 1. El punto de partida: se acabó la narrativa del “orden mundial” La NSS 2025 arranca con una autocrítica brutal: las estrategias anteriores de EE. UU., dice el documento, no eran planes serios sino “listas de deseos” (wish lists). Demasiadas prioridades, demasiados compromisos, poca claridad sobre qué le conviene realmente al país. El diagnóstico es éste: desde el fin de la Guerra Fría, Washington se dedicó a exportar democracia, expandir la OTAN, intervenir militarmente en medio mundo y sostener organismos multilaterales. Resultado: guerras costosas, aliados que no pagan su parte y una base industrial debilitada. Trump dice basta. La nueva lógica es más parecida a la de un gerente que a la de un ideólogo: ¿esto nos conviene? ¿nos sale barato o caro? ¿quién más pone plata? Si la respuesta es mala, EE. UU. se baja. “EE. UU. deja de actuar como gendarme global y pasa a actuar como potencia que cuida sus propios intereses. No es aislacionismo total: es selectividad.” Los cuatro pilares del nuevo interés nacional son: proteger las fronteras y la soberanía, defender a la población, asegurar la energía y la industria, y — esto es nuevo y llama la atención — preservar la identidad cultural estadounidense. Sí, la cultura entra en la estrategia de seguridad. 2. América Latina: volvemos a ser el “patio trasero” Para Argentina y para toda la región, esta es la parte que más duele y más importa. La NSS 2025 establece que el Hemisferio Occidental es la prioridad estratégica absoluta de EE. UU. No el Medio Oriente, no Europa: América. Y lo hace con un lenguaje que no deja mucho margen para la interpretación: se habla explícitamente de un “Trump Corollary” a la Doctrina Monroe. Es decir, una actualización del viejo principio de que lo que pase en el continente es asunto de Washington. Las tres reglas del nuevo juego hemisférico son claras: Traducido a lenguaje argento: se acabó la época en que podíamos hacer equilibrio entre Washington y Pekín. La NSS 2025 declara que esa neutralidad no debe tolerarse, ni será una opción. O estás dentro, o estás afuera. Si estás fuera: Tabla. 3. ¿Y dónde queda Argentina en todo esto? Argentina ocupa una posición peculiar en este mapa. Por un lado, el gobierno de Milei se alineó rápidamente con Washington: el acuerdo con el FMI, el distanciamiento de China en algunos planos, la política exterior abiertamente pro-EEUU. Desde la lógica de la NSS 2025, eso nos pone en el casillero de los “aliados sumisos y útiles”. Pero hay tensiones que no se resuelven tan fácil: El escenario más probable es que Argentina, al menos los 2 próximos años, siga en el carril del alineamiento total, pero este alineamiento tendrá costos crecientes en términos de pérdida de autonomía, y capacidad para negociar con otros actores globales. 4. ¿Qué propone la NSS 2025 y por qué es un quiebre? Para entender la magnitud del cambio, hay que mirarlo en tres dimensiones: qué quiere lograr EE. UU. (los fines), con qué herramientas (los medios) y cómo va a actuar (los modos). Qué quiere lograr La prioridad número uno, ya no es el orden global: es la seguridad interna del país. Fronteras, empleo, industria, cohesión cultural. Todo lo demás — alianzas, compromisos internacionales, organismos multilaterales — queda subordinado a esa lógica. El segundo gran objetivo es contener a China. No como enfrentamiento ideológico — ya no se habla de democracia versus autocracia — sino como competencia por recursos, rutas marítimas, semiconductores y liderazgo tecnológico. El tercer objetivo, y un poco más difuso, es estabilizar Europa rápido, cerrar la guerra de Ucrania en términos aceptables y liberar recursos para concentrarlos en Asia. Entre líneas se entiende que Ucrania deja de ser un símbolo de la defensa de la democracia y pasa a ser un costo que hay que administrar. Con qué herramientas Más gasto militar, pero no para guerras largas: para reconstruir la industria de defensa y disuadir conflictos. Reindustrialización en sectores clave: semiconductores, energía, inteligencia artificial, municiones. Y diplomacia transaccional: el apoyo de Washington vale algo, y ese algo se negocia. y Cómo va a actuar Disuasión en Asia — especialmente en Taiwán — como método para evitar un conflicto directo. Transferencia de cargas a los aliados: Europa que se defienda sola, América Latina que controle sus fronteras, Asia que contribuya más. Y congelamiento del conflicto en Ucrania para que Europa deje de drenar recursos y atención estadounidenses. El viejo continente pasa a ser un gran aportante económico para EE.UU., a
ORMUZ, ARGENTINA. 2026
Lo que el precio del barril le está haciendo al mundo, y por qué a nosotros nos importa más de lo que parece Análisis de coyuntura energética — Junio de 2026 Arranquemos con contexto e información por (casi) todos conocida. El 28 de febrero de 2026, EE.UU. e Israel atacan Irán. Tres días después, la Guardia Revolucionaria iraní cerró el Estrecho de Ormuz, ese bendito pasaje de apenas 54 kilómetros de ancho, entre Irán y Omán. Todos hemos leído que por ahí circulaba el 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. 20 millones de barriles diarios que dejaron de fluir. Si, está prácticamente CERRADO; ¿Pero qué significa esto? Imaginen que su contador, persona horrible y eterno portador de malas noticias, llega a la oficina y les dice: ‘Mustafá S.A., nuestro proveedor principal, el que nos abastece el 20% de todo lo que usamos para producir, no nos podrá entregar más mercadería por tiempo indefinido’. Y lo peor, no hay otros proveedores para reemplazarlo actualmente. Esa es la dimensión del problema que se está viviendo en el mercado energético global. La Agencia Internacional de Energía (EEUU) lo llamó, sin eufemismos, la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado petrolero. Las subas, no reflejan todavía, la magnitud del problema, entonces, ¿qué está pasando realmente? Son muchos los interrogantes: cuándo se espera el quiebre del mercado, cómo están reaccionando los grandes compradores de Asia y qué pasa con el gas.Y, siempre, qué implica todo esto mirándolo desde nuestro país. 1. ¿Cuándo se rompe el mercado? El ‘crack’ que todos esperan Primero: ¿cuánto subió el petróleo? En enero de 2026 el barril de Brent cotizaba a US$ 61. A fin del primer trimestre ya estaba en US$ 118. El 2 de abril tocó casi US$ 128. El mayor salto mensual ajustado por inflación desde que hay registros, es decir, desde 1988. Para ponerlo en plata argentina: el precio se duplicó en menos de 60 días. [1][2] La pregunta que se hacen todos los analistas es: ¿cuándo se viene abajo? ¿o se sigue para arriba indefinidamente? Ninguno de los dos extremos es evidente. Lo que hay es un mercado que aguanta gracias a factores que tienen fecha de vencimiento. ¿Por qué no colapsó todo de golpe? Tres razones concretas explican por qué el sistema aguantó más de lo que muchos esperaban: El problema es que esos amortiguadores tienen límite. Los inventarios se van consumiendo. Y si el estrecho sigue cerrado en el segundo semestre de 2026, los modelos dicen que el sistema llega a un punto de no retorno. Los números crudos: qué proyectan los organismos Organismo Brent prom. 2026 Cuándo se espera el quiebre Supuesto clave EIA (mayo 2026) US$ 96/b Q3 2026 si hay reapertura Cierre efectivo hasta fin de Q2 AIE (mayo 2026) US$ 88/b en Q4 2026 Inventarios caen 3,9 mb/d en 2026 Recuperación parcial desde junio Banco Mundial (mayo 2026) US$ 86/b anual Q4 2026 / inicio 2027 Fase aguda termina en mayo Dallas Fed (WP 2609) WTI pico US$ 132/b Q3 2026 si cierre dura 2 trim. WTI podría llegar a US$ 167/b [1][2][4][5] Fuentes: EIA STEO abril-mayo 2026; Dallas Fed Working Paper 2609, abril 2026; Banco Mundial, Commodity Markets Outlook, mayo 2026. Lo que los modelos no dicen en voz alta pero implican con claridad: si el estrecho permanece cerrado durante todo el segundo semestre, los precios sostenidos por encima de US$ 130-150 por barril no son un escenario catastrófico improbable. Son el escenario base. Desde Argentina, esto se siente de dos maneras. Primero, en el precio de los combustibles: cualquier suba del crudo impacta en el valor de los derivados que importamos o en el costo de abastecer el mercado interno, por más que el gobierno haya amortiguado un impacto mayor en las naftas. Segundo, en el precio de las exportaciones Argentinas y de los proyectos de Vaca Muerta, que se revalorizan notablemente en este contexto. 2. Los grandes compradores asiáticos: quién la aguantó y quién no Asia es la región que más depende de Ormuz: el 80-84% del petróleo que cruzaba el estrecho iba para allá. China, India, Japón y Corea del Sur concentran el 69% de todos esos flujos. [6] Veamos cómo le fue a cada uno. China: el que mejor se armó de antemano China es el caso más interesante. Recibía el 37,7% de todo el petróleo que cruzaba Ormuz, unos 5,35 mb/d. Mucho. Pero vino haciendo los deberes desde hace años: Resultado: la bolsa de Shanghai cayó apenas 0,49% y el yuan se mantuvo estable. Para este humilde contador, eso es un balance energético que aguanta el estrés. China, además, ordenó a sus principales refinerías el 5 de marzo detener exportaciones de diésel y nafta para priorizar el consumo interno. Pragmatismo puro. [6] Dato saliente, hizo lo mismo con los fertilizantes, y recientemente ya ha flexibilizado las restricciones al tener asegurado el abastecimiento del mercado interno. India: la que más sufre y más tiene y tendrá que improvisar India importa el 88% de su petróleo y la mitad cruzaba Ormuz. En el GNL, el 53% de sus importaciones vienen de Qatar y los EAU. Es, de todos los grandes, el caso más complicado. [7] La crisis aceleró algo positivo de largo plazo: India está financiando activamente nuevos proyectos de GNL en África y América del Norte para no volver a depender tanto del Golfo. Desde Argentina, esta es una oportunidad concreta: somos un país con reservas de gas en Vaca Muerta y con un proyecto de GNL en construcción. India necesita lo que nosotros tenemos. Japón: el más vulnerable de todos Si tuviese que ponerle una calificación de riesgo crediticio a la situación energética de Japón, sería CCC. El país depende de los combustibles importados para el 87% de su consumo energético total, y el 73% de su crudo viene del Golfo. Importa 1,6 mb/d por Ormuz. [6][7] Japón activó planes de contingencia y salió a comprar en el mercado spot a cualquier precio. Lo que ilustra



