VALIA Consultora / mayo , 2026
Resumen Ejecutivo
A mediados de mayo de 2026, la política argentina atraviesa un momento de acumulación de tensiones que todavía no se traduce en un movimiento claro del tablero. Este artículo analiza tres frentes que se retroalimentan: 1) el desgaste de la imagen presidencial a partir del caso Adorni, con datos propios de nuestra última medición en CABA; 2) la incapacidad de la oposición —centralmente el peronismo— de capitalizar ese desgaste por su propia fragmentación interna; y 3) una economía que logró estabilidad cambiaria y desinflación gradual, pero que no consigue traducir esos logros en una recuperación del consumo y la actividad que el electorado pueda sentir en el bolsillo.
1. El humor social en cifras: lo que dice nuestra encuesta de abril
Nuestro último relevamiento en la Ciudad de Buenos Aires (800 casos, campo del 1 al 15 de abril, margen de error ±3,5%) ya anticipaba el clima que hoy se profundiza. Un 49.5% de los consultados porteños desaprueba la gestión del presidente Javier Milei, contra un 39.5% que la aprueba. Cuando se pregunta directamente por la evaluación de la gestión, la fotografía es todavía más adversa: 55% la califica de “mala” o “muy mala”, frente a un 35% que la considera “buena” o “excelente”.
| Indicador | Resultado |
|---|---|
| Desaprobación presidencial | 49.5% |
| Aprobación presidencial | 39.5% |
| Evaluación de gestión “Mala/Muy mala” | 55% |
| Evaluación de gestión “Buena/Excelente” | 35% |
| Problema principal: Inflación | 42% |
| Problema principal: Desempleo | 38% |
| Problema principal: Corrupción | 34% |
Fuente: Encuesta VALIA Consultora, CABA, abril 2026.
Lo que más nos interesa remarcar es el podio de preocupaciones: inflación (42%), desempleo (38%) y corrupción (34%) concentran la agenda de los porteños, muy por encima de la inseguridad (29%) o los bajos salarios (27%). Es decir, el propio electorado porteño —tradicionalmente más favorable al oficialismo que el promedio nacional— empezó a combinar el reclamo económico clásico con un reclamo de transparencia institucional. Esa combinación no es casual: se produce en simultáneo con la explosión del caso Adorni, que analizamos a continuación.
En lo personal, creemos que este cruce entre el reclamo económico y el reclamo por corrupción es el dato más relevante de la medición. Un gobierno que basó buena parte de su legitimidad en la idea de “casta versus gente” enfrenta ahora una acusación que ataca exactamente ese activo simbólico. No es lo mismo perder aprobación por inflación que perder aprobación por sospecha de enriquecimiento ilícito en un funcionario de máxima confianza.
2. El caso Adorni: la crisis que no para de crecer
El escándalo que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, mutó en las últimas semanas de una controversia por el uso de bienes públicos a una causa judicial con ramificaciones patrimoniales cada vez más concretas.
El origen del expediente se remonta al 8 de marzo, cuando trascendió que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, había viajado en el avión presidencial junto a la comitiva de Milei a Nueva York para participar de la “Argentina Week 2026”, pese a no ocupar cargo público alguno. Casi en simultáneo se conoció un viaje privado del funcionario y su familia a Punta del Este, cuya factura de regreso fue emitida el mismo 9 de marzo. La diputada Marcela Pagano —hoy distanciada del oficialismo— presentó una denuncia por enriquecimiento ilícito que quedó radicada en el juzgado de Ariel Lijo, con la fiscalía a cargo de Gerardo Pollicita.
A partir de ahí, la causa fue exhibiendo un patrimonio que no guarda relación con el sueldo de Adorni como vocero y luego jefe de Gabinete. Se supo que su esposa había registrado a su nombre una casa en el country Indio Cuá Golf Club (Exaltación de la Cruz) en noviembre de 2024, no declarada en su momento, además de la compra y refacción de un departamento en Caballito.
El punto de mayor impacto público llegó el 4 de mayo, cuando el contratista Matías Tabar declaró ante la fiscalía que Adorni le había pagado 245.000 dólares en efectivo, sin factura ni recibos, por la remodelación integral de la casa del country: pisos, pileta, cascada, parrilla y mobiliario, en obras que se extendieron entre octubre de 2024 y julio de 2025, cuando el funcionario era apenas vocero presidencial. Según su testimonio, los pagos se hicieron en cuotas —30.000 dólares en abril de 2025, 100.000 en mayo, 30.000 en junio, 50.000 en julio— siempre en la misma modalidad de entrega en mano. Dos días más tarde, el juez Lijo ordenó levantar el secreto fiscal de Adorni y su esposa, y extendió la pesquisa a las comunicaciones de su entorno cercano, incluido el periodista y productor Marcelo Grandio, quien lo había acompañado en el vuelo privado a Punta del Este.
El resultado político de esta secuencia ya es mensurable. Encuestas propias y de otros centros —como el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, con relevamiento en el AMBA— coinciden en que el caso está horadando la base electoral libertaria: una porción significativa de quienes votaron a La Libertad Avanza en el balotaje de 2023 reconoce que el escándalo empeoró su imagen del Gobierno, y el propio electorado libertario está dividido entre quienes piden que Adorni resista en el cargo y quienes reclaman su salida.
Para VALIA, el dato clave no es tanto la denuncia en sí —la Justicia argentina acumula denuncias contra funcionarios de todos los colores sin que necesariamente impacten en la imagen presidencial— sino la combinación de tres elementos: la cercanía personal de Adorni con Milei, la modalidad de pago en efectivo y sin documentación (que choca de lleno con el relato libertario de transparencia y batalla cultural contra “la casta”), y el hecho de que la causa avanza con pruebas documentales concretas, no solo con relatos periodísticos. Eso la vuelve mucho más difícil de desactivar comunicacionalmente que otros escándalos previos del oficialismo.
3. Una oposición sin timón: el peronismo atrapado en su propia interna
Frente a este escenario, cualquier manual de oposición indicaría que el peronismo debería estar capitalizando el desgaste oficialista. Sin embargo, la dinámica interna del espacio sigue apuntando en la dirección contraria.
La ruptura en el bloque de senadores del PJ, consumada en los últimos meses en medio de la discusión por la reforma laboral, dejó al justicialismo en su número más bajo de la historia en la Cámara alta, con gobernadores reacomodándose en silencio y dirigentes como Pablo Moyano reclamando la expulsión de los “traidores”. En Diputados, el escenario no es más ordenado: el peronismo llega fragmentado en distintos bloques a la nueva composición legislativa que asumió el 1° de mayo, mientras que el oficialismo y sus aliados consolidaron una súper mayoría cercana a los dos tercios en ambas cámaras.
El problema de fondo sigue siendo el mismo de los últimos dos años: la falta de una conducción única. Cristina Kirchner, presidenta del PJ nacional, Axel Kicillof, gobernador bonaerense con aspiraciones propias de proyección nacional, y Sergio Massa, en un rol de articulador que todavía no logra definir el mapa, conforman un triángulo de poder que no termina de cerrar un acuerdo. La tensión entre el kirchnerismo duro y el sector que responde a Kicillof volvió a manifestarse esta misma semana, con referentes de La Cámpora reclamando públicamente que el gobernador se reúna con la expresidenta para “ordenar la interna” tras un acto del PJ bonaerense donde la militancia coreó consignas de respaldo a ambos por igual, dejando en evidencia que la base del espacio todavía no eligió entre las dos referencias.
A esto se suma que la discusión sobre el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses —una de las decisiones estratégicas más importantes que debe tomar el peronismo de cara al proceso electoral— sigue sin resolverse, y que la eventual continuidad o suspensión de las PASO nacionales agrega una capa adicional de incertidumbre sobre cómo, y con qué candidaturas, competirá cada sector.
Nuestra lectura es que el peronismo enfrenta una paradoja incómoda: cuanto peor le va al Gobierno, más evidente se vuelve que la oposición no tiene una oferta consolidada para capitalizarlo. El desgaste de Milei no fluye automáticamente hacia el PJ; en el mejor de los casos, engrosa un electorado desencantado que todavía no encuentra dónde canalizar su malestar, lo que en el corto plazo termina beneficiando al oficialismo por default, más que por mérito propio.
4. La economía real: estabilidad cambiaria sin rebote de actividad
El tercer frente es, quizás, el más estructural. El Gobierno viene sosteniendo una estrategia de ancla cambiaria que, en el plano financiero, muestra resultados: el riesgo país perforó los 500 puntos básicos, el Banco Central acumuló compras de reservas relevantes desde comienzos de año, y la inflación mostró una desaceleración sostenida —el IPC de marzo se ubicó en 3,4% y las proyecciones privadas para abril, cuyo dato oficial se conocerá esta semana, apuntan a una nueva baja, en el rango de 2,4% a 2,6% mensual.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, viene sosteniendo públicamente que se vienen “los mejores 18 meses” de la historia económica argentina, apoyándose en la mejora de indicadores financieros. Sin embargo, la contracara sigue siendo la economía real. Los datos de actividad de los primeros meses del año fueron débiles —el propio Caputo reconoció que el dato de febrero “dio mal”— y el consumo interno todavía no muestra señales firmes de reactivación, en particular en los sectores de servicios y en el comercio minorista. El repunte que sí se observa está concentrado en rubros exportadores y vinculados a la energía, favorecidos por el contexto internacional, lo que deja una recuperación heterogénea: crece lo que exporta, no lo que consume el mercado interno.
Esta desconexión entre estabilidad macro y malestar micro es, a nuestro criterio, la clave para entender por qué la inflación sigue apareciendo como la principal preocupación ciudadana en nuestra encuesta pese a la desaceleración: los precios ya no suben tan rápido, pero tampoco bajan, y los ingresos —salarios formales incluidos— todavía no logran despegarse de la inflación acumulada de los últimos dos años. En un contexto de esas características, la promesa de estabilidad financiera no alcanza para modificar la percepción de estancamiento del bolsillo.
Conclusiones finales
- Desgaste de imagen con base económica y ahora también institucional. La desaprobación presidencial en CABA (50%) ya no se explica solo por inflación y desempleo, sino que empieza a incorporar el reclamo por transparencia a partir del caso Adorni, lo que ataca un pilar simbólico central del oficialismo.
- El caso Adorni escaló de escándalo mediático a causa judicial con pruebas documentales. El testimonio del contratista Tabar y el levantamiento del secreto fiscal ordenado por Lijo elevan el costo político y reducen el margen de maniobra comunicacional del Gobierno.
- La oposición no logra capitalizar el desgaste oficialista por su propia fragmentación. El triángulo Cristina-Kicillof-Massa sigue sin resolver una conducción única, y el peronismo llega dividido a la nueva composición legislativa, mientras la incertidumbre sobre PASO y desdoblamiento bonaerense posterga cualquier definición electoral de fondo.
- La estabilidad macroeconómica no se traduce todavía en bienestar percibido. La desaceleración inflacionaria y la mejora de indicadores financieros conviven con una actividad que no repunta de manera pareja, lo que mantiene el humor social deprimido pese a los logros que el Gobierno exhibe en el plano cambiario y fiscal.
En síntesis, mayo de 2026 encuentra a la política argentina en un equilibrio inestable: un oficialismo debilitado pero sin un desafiante claro enfrente, y una sociedad que combina el cansancio económico con una creciente desconfianza institucional, sin que ese malestar encuentre todavía un canal de representación política definido.
Declaración de fuentes: Este artículo se basa en datos propios de la Encuesta VALIA Consultora (CABA, abril 2026), y en información publicada por El Cronista, Infobae, La Nación, Perfil, Chequeado y el INDEC entre marzo y mayo de 2026.
